205 años: Güemes, el prócer que muchos no conocen y Bs. As. aún ignora

Las banderas de la Argentina y de la provincia flamean en lo alto para honrar la memoria del más grande de los salteños y uno de los próceres más magnánimos de nuestra historia: el general Martín Miguel de Güemes.

A 205 años de su ingreso a la gloria imperecedera, la deuda del reconocimiento para el héroe gaucho sigue siendo latente, se mantiene como un compromiso que los salteños deben renovar.

A medida que transcurren los años, la figura de Martín Miguel de Güemes persiste en una búsqueda constante por ser plenamente reivindicada frente al prolongado desconocimiento nacional. Este pilar fundamental de la independencia argentina aún enfrenta un vacío histórico, sostenido principalmente por el centralismo porteño que ha minimizado su trascendencia.

Como la historiografía oficial fue escrita bajo una política nítidamente centralista en Buenos Aires, la misma ignoró sistemáticamente las investigaciones no alineadas con su eje: historiadores de la generación del 80, como Mitre, armaron una narrativa subjetiva que exaltaba ciertas figuras mientras empequeñecía a otras para justificar sus propias posturas políticas.

En este relato, el término "caudillo" fue utilizado de forma peyorativa y vulgarizada para presentar a Güemes como un líder bárbaro asociado a la desorganización social. Fue Dalmacio Vélez Sarsfield quien, en 1864, salió en su defensa para refutar esta "ingrata calificación" y recordar que el salteño fue, en realidad, el salvador de la patria.

El héroe también despertó el odio de los sectores pudientes y comerciantes de Salta, agrupados en el partido de la "Patria Nueva", quienes rechazaban los sacrificios económicos de la guerra. Estos opositores internos, molestos por la prohibición de comerciar con el enemigo, terminaron siendo cómplices de la traición que facilitó la muerte del general a sus 36 años.

De eso no se habla

Dentro de ese “desconocimiento”, la Batalla de Suipacha permanece como un "tabú" histórico donde se suele omitir que la actuación de Güemes fue el factor decisivo de la primera victoria patriota. El ocultamiento de este hecho buscó paliar la responsabilidad de los jefes enviados por Buenos Aires, cuya "demora criminal" permitió que los realistas se reorganizaran tras su derrota inicial.

Esta distorsión responde a la construcción de una nación macrocéfala con centro en la metrópolis porteña, la cual olvida o resta importancia a los sucesos fundamentales de las provincias, sobre todo las más remotas al puerto. Bajo esta lógica, Güemes ha sido reducido injustamente a la categoría de "héroe local" o defensor de fronteras, negándole su verdadera dimensión como estratega nacional y americano.

En la modernidad, este olvido es alimentado por una "tilinguería ultra liviana" en los medios de comunicación que devalúa a los próceres para ajustarlos a niveles de mediocridad actual. Es imperativo rescatar la gesta güemesiana para que todos los argentinos comprendan que su espada fue la que fijó los límites permanentes de nuestra soberanía en el norte y de toda la Argentina.