No es un simple capricho: advirtieron sobre un problema silencioso en miles de niños

Niños que rechazan alimentos clave pueden sufrir falta de hierro, calcio y vitaminas aunque aparenten estar sanos.

En miles de casas ocurre la misma escena: chicos que no quieren probar verduras, carnes, frutas o ciertos alimentos y padres que creen que se trata de una etapa normal.

Sin embargo, médicos especialistas advirtieron que detrás de esa aparente "maña para comer" puede esconderse un problema nutricional serio.

La selectividad alimentaria infantil, cuando se vuelve extrema o se mantiene durante mucho tiempo, puede provocar carencias importantes aunque el niño tenga peso normal.

El problema no es cuánto come, sino qué deja de comer
Muchos padres miran el plato y piensan que si el chico come algo, está bien.

Pero los pediatras remarcan que la verdadera alarma aparece cuando la dieta se vuelve muy limitada y desaparecen grupos enteros de alimentos.

Eso puede generar déficit de nutrientes esenciales como:

  • Hierro.
  • Zinc.
  • Calcio.
  • Ácidos grasos esenciales.
  • Vitaminas fundamentales para el crecimiento. Es decir, un niño puede verse bien físicamente, pero por dentro estar desarrollando falencias que impactan en su salud.

 

Una situación más frecuente de lo que parece
La Dra. Irina Kovalskys, médica pediatra y especialista en nutrición, explicó que este cuadro es bastante común.

"La selectividad alimentaria forma parte del desarrollo, especialmente entre los 2 y 3 años, pero cuando se prolonga o limita de manera significativa la variedad de alimentos, puede comprometer el aporte de nutrientes esenciales", expresó a los colegas de El Liberal.

Según datos médicos, entre el 25% y el 40% de los niños sanos presentan algún tipo de dificultad alimentaria durante su crecimiento.

En muchos casos pasa rápido, pero en otros se transforma en un hábito restrictivo difícil de revertir.

El peso no siempre muestra el problema
Uno de los errores más frecuentes es creer que si el chico no está flaco no existe riesgo.

Los especialistas advierten que el peso y la talla no alcanzan para detectar cómo está realmente el organismo.

Puede haber chicos con valores normales, pero con anemia o falta de micronutrientes por una dieta pobre y repetitiva.

Un reciente análisis internacional incluso confirmó que los menores con baja diversidad alimentaria tienen más probabilidades de padecer anemia.

Cuando comer se vuelve una obligación
Otro punto que preocupa a los profesionales es la presión familiar durante las comidas.

Cuando el niño asocia sentarse a la mesa con discusiones, retos u obligación, deja de escuchar sus propias señales de hambre y saciedad.

Eso empeora todavía más el rechazo y hace que el vínculo con la comida se vuelva negativo.

Qué deben mirar los padres
Los médicos recomiendan prestar atención si el menor:

  • Come siempre lo mismo.
  • Rechaza carnes, verduras o frutas por completo.
  • No tolera cambios de textura o color.
  • Hace arcadas o enojo ante nuevos alimentos.
  • Sostiene esta conducta por meses o años.

En esos casos es importante consultar con pediatra y nutricionista.